En el año 2001 mi buen amigo Marco me invitó a tomar café a su casa. Camino a recoger el pan me llevó por una ruta extraña y luego estacionó su auto frente a un lote y me dijo: sorpresa, acabo de comprar este lote y quiero que ustedes me diseñe la casa de mis sueños.Una emoción extraña me embargó porque es una familia que conozco muy bien y que además queremos mucho.
Desde ese momento ya sabía cómo debería ser la casa. La cocina debería ser el centro de la casa y desde ese espacio deberían relacionarse los demás. Muchas luz y aprovechar la vista que se tenía en ese lote. La vegetación debería entrar a la casa por medio de jardines flotantes e internos y la imagen general debería incorporar el arte y la delicadeza de una familia llena de mujeres ya que la pareja tiene dos hijas bellísimas.
Cuando estábamos en el proceso de diseño, nuestra preocupación era que ellos pudieran visualizar su casa no al día de hoy, sino cuando la familia creciera y llegaran los novios y eventualmente el nido vacío. Ellos como pareja siempre han sido unidos y no importando las situaciones difíciles que han tenido que pasar siempre su relación prevalece; y eso también debería verse reflejado en el diseño.
El resultado es una casa totalmente integrada, en donde la cocina, con su isla, se abre al comedor y la terraza; además de la presencia de unos grandes vitrales hacia la sala. En planta alta contamos con una doble altura que relaciona la zona familiar con la zona social. Finalmente el dormitorio principal con un anexo privado y un balcón hacia la vista solamente relacionado a la vivencia de la casa por medio de una ventana diferente hacia la sala.



















